
ESTRATEGIA Y MITIGACIÓN DE RIESGO: REDCO PRESENTA EN SME MINEXCHANGE MODELO PARA LA TRANSICIÓN A MINERÍA SUBTERRÁNEA

Ante el inminente agotamiento de los grandes rajos a nivel global, la consultora chilena expuso un marco de trabajo de “De-Risking”. El modelo integra variables financieras, estocásticas y socioambientales para asegurar la viabilidad de los megaproyectos mineros, desafiando los paradigmas tradicionales de planificación.
La transición desde la explotación a rajo abierto (Open Pit) hacia métodos de minería subterránea (Underground) se ha consolidado como uno de los desafíos estratégicos y financieros más complejos en la vida útil de una operación minera. A medida que los yacimientos alcanzan mayores profundidades, las compañías enfrentan un aumento exponencial en los costos operacionales, dificultades geotécnicas, y una creciente presión por reducir la huella ambiental y las emisiones de carbono.
En este contexto, la consultora boutique de ingeniería de minas REDCO marcó pauta durante las sesiones técnicas de la conferencia internacional Minexchange 2025, organizado por la Sociedad de Minería, Metalurgia y Exploración (SME), en la ciudad de Salt Lake, Estados Unidos. La presentación, realizada por Enrique Rubio, Director Ejecutivo de la compañía, detalló los alcances del estudio “Multicriteria and Modular Approach for the Transition from Open Pit to Underground Mining: De-Risking Concept”. El documento propone un cambio de paradigma en la forma en que los directorios y equipos técnicos evalúan estas inversiones multimillonarias.
Históricamente, la industria ha abordado el problema de la transición de manera secuencial. Los métodos convencionales suelen optimizar el rajo final de manera aislada y, solo a posteriori, planifican una operación subterránea complementaria. Esta falta de integración impide capturar sinergias críticas, ignorando, por ejemplo, cómo las dimensiones del pilar puente (crown pillar) afectan tanto la estabilidad geotécnica como la recuperación económica total. Aún más, los modelos deterministas tradicionales subestiman la incertidumbre geológica y de mercado, lo que a menudo resulta en una sobrevaloración del proyecto.
Para resolver esto, la metodología de REDCO incorpora herramientas computacionales de desarrollo propio (SIMPLAN para el rendimiento operativo y SIMVAL para la evaluación económica) que permiten ejecutar simulaciones de Montecarlo sobre toda la cadena de valor minera. En lugar de entregar una única cifra estática, el modelo arroja distribuciones probabilísticas que cuantifican el Valor en Riesgo (VaR) del proyecto, definiendo escenarios pesimistas (P10) y optimistas (P90).

Durante su presentación, Rubio subrayó el impacto corporativo de esta visión: “Abordar la planificación del rajo y la mina subterránea de manera conjunta permite identificar sinergias y definir el punto de transición óptimo que realmente maximiza el valor del negocio. Cuantificar el riesgo estocástico (ya sea geológico, operacional o de mercado) y reflejarlo en la toma de decisiones corporativas es crítico para evitar sorpresas futuras. Hemos demostrado que una ruta con un Valor Presente Neto (VPN) ligeramente inferior puede ser preferible si su perfil de riesgo es sustancialmente menor “.
Un pilar diferenciador del marco de trabajo expuesto es la adopción de una estrategia de implementación modular, fundamentada en el concepto de “De-Risking” (reducción de riesgo). En lugar de inyectar todo el capital en un megaproyecto subterráneo inmediato, el enfoque propone iniciar con operaciones piloto de menor escala.
Matías Fuentes, Gerente de Servicios Técnicos y autor de la investigación, detalló la lógica de esta estructura: “Proponemos un enfoque gradual que permite el inicio temprano de una mina subterránea piloto. Durante esta fase operativa, la organización adquiere experiencia práctica, refina los parámetros geotécnicos reales y calibra el modelo de producción. Diferir CAPEX hasta alcanzar un mayor grado de certeza reduce sustancialmente el riesgo de invertir miles de millones en una instalación subterránea que podría tener un rendimiento inferior al esperado.
Este enfoque proporciona, además, una flexibilidad adaptativa invaluable. Si las condiciones geomecánicas reales difieren de los estudios iniciales, la compañía puede ajustar el método de extracción (por ejemplo, escalar de manera horizontal mediante caserones selectivos en lugar de un hundimiento masivo vertical) sin comprometer la viabilidad financiera.
Una transición exitosa no depende únicamente de la rentabilidad financiera. La metodología evalúa cada ruta de desarrollo bajo dos ejes fundamentales en un análisis multicriterio: el Atractivo (métricas financieras como VPN, TIR, costos operativos C1/AISC y vida útil) y la Ejecutabilidad (factores técnicos, logísticos, regulatorios y socioambientales).
Las consideraciones ESG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) juegan un rol decisivo en este eje. Operar bajo tierra disminuye radicalmente la huella superficial, el ruido, el polvo y las emisiones de gases de efecto invernadero respecto a la minería a rajo abierto. Sin embargo, la matriz evalúa estrictamente los tiempos de obtención de nuevos permisos y la percepción comunitaria frente a posibles riesgos de subsidencia o impacto en acuíferos, asegurando que el plan sea implementable en el mundo real.

La efectividad del modelo no es teórica. Durante la presentación, se expusieron resultados anonimizados de su aplicación en una faena cuprífera andina y un yacimiento de fosfato en Brasil.
En el caso brasileño, se contrastaron tres vías: continuar el rajo hasta su límite económico (Ruta A), implementar una mina subterránea masiva de manera temprana (Ruta C), y una ruta modular intermedia (Ruta B). Aunque la Ruta C prometía el mayor VPN teórico ($325 millones de dólares), presentaba un riesgo de inversión muy alto y baja ejecutabilidad debido al estrés logístico. La Ruta B (Modular), con un VPN promedio de $310 millones de dólares, dominó estocásticamente a las demás al ofrecer una exposición de riesgo de capital un 40% menor y asegurar la continuidad operativa sin vacíos de producción, convirtiéndose en la opción estratégica recomendada.
